27 de marzo de 2017

Encuentro con... el autor Santiago Álvarez y con otras emociones.

El club de lectura de adultos de mi centro está formado por madres, algún padre y algunos abuelos y abuelas de alumnos. También participamos habitualmente varios profesores.
Aprovechando que Santiago Álvarez (@detectivemejias) visitaba por segunda vez nuestra biblioteca para conversar en torno a su segunda novela El jardín de cartón, decidimos  ampliar el número de asistentes a esta reunión especial y cada uno de los participantes habituales invitó a otros lectores.
Además de los atractivos habituales de todas las reuniones: el encuentro, el café o el té, la conversación previa, la conversación literaria, la conversación de temas no literarios,... esta vez nos encontramos con un autor muy cercano que transmite pasión y credibilidad en su trabajo, que sabe mucho de las Fallas y de la ciudad de Valencia -aunque es murciano-, que le apasiona la música y contagia su pasión. Un buen comunicador con la conversación, con el texto escrito y con sus canciones..
Pero además, la organización abierta de la reunión facilitó el encuentro con otras emociones que justifican esta entrada: La emoción de ver a Carol y Helena, excelentes alumnas (4º ESO) y excelentes lectoras, acompañando a su madre en la reunión. La emoción de ver como su compañera Martina, otra excelente alumna, venía en lugar de su madre que no pudo llegar a tiempo y mantenía al final, en el momento de la firma de ejemplares, una conversación con el autor sobre grafías y firmas. La emoción de volver a ver en la biblioteca a Laura, antigua alumna, lectora empedernida, participante fija en clubes de lectura del colegio en su época de secundaria, coordinadora voluntaria de clubes de lectura del colegio en sus primeros años de Universidad.
La emoción de compartir el encuentro con mis compañeros Susana, Maisé y Vicente y los habituales Carmen, Nuria, Paola, que vino con su amiga Desiré,  y Álvaro.
Las emociones de ver a Marta acompañada de su madre o de comprobar como Cristina estaba pendiente de todos los detalles moderando la reunión. La emoción, ésta no era nueva, de ver a los lectores habituales creando ese clima especial que se respira en las reuniones.
La emoción de ver la biblioteca llena, viva, a las siete y media de la tarde de un jueves.
Y otras emociones...

P:D. A pesar del carácter especial de la reunión, Mónica y Mª José pudieron ocupar su sitio habitual.







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